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Déjese ahí

Feb 10, 2019 | Blog | 5 Comentarios

Hoy hablaba con una amiga que lo está pasando muy mal por una relación. Me pedía consejo porque en teoría ahora soy una señora de su casa, medianamente respetable y tranquila. Pero mucho tiempo atrás no era así.

Quienes me conocen de toda la vida saben que mi estabilidad emocional pendía normalmente de un hilo… o de varios, pero todos enredados entre ellos.

Oscilaba entre ser la peor pesadilla de los chicos buenos y creerme lo mejor que le había pasado al niño malo de turno, solo que él no se daba cuenta. “¿Por qué? ¿por quéeeeeeeee no te das cuenta?” Y ahí me tiraba de los pelos. 

Hasta que un buen día decidí dejarlos y dejarme en paz.

Poco tiempo después se cruzó en mi camino un buen hombre al que mis desvaríos le hacían lo que al viento a Juárez y yo, que ya me había auto domesticado un poco, me dispuse a ser feliz por primera vez.

Pero si algo aprendí de toda esa locura es que ninguna herida se cura si la andas tocando. Es algo que le repito constantemente a mi hija —de manera literal en su caso, claro está—, pero sé que algún día se lo tendré que recordar en un contexto emocional.

Y es que es imposible superar algo si estamos todo el rato rascando la herida. Apenas sentimos un poquito de costra aparecer y ahí vamos a sabotear nuestra recuperación. Nos metemos a sus redes sociales, le mandamos un mensaje, le llamamos. Hombres y mujeres por igual, por supuesto, no se crean que la auto flagelación es monopolio de un solo género. Gays, bis, trans, cis, no cis, con o sin privilegios, lo hacen. Todos.

Hacer un cagadero de nuestras propias vidas nos une como hermanos a todos por igual.

Mis amigas solían bromear comparándome con los gatos cuando los dejas solos en casa y al volver los encuentras envueltos en papel de baño mirándote con cara de “yo no fui”, solo que en mi caso era dejarlas ir tranquilas de que ya lo había superado y al día siguiente ver mi cara de culpa mientras con un hilo de voz confesaba: “Ay, ¿Qué crees? Le marqué. Ya sé, soy una pendeja”. Y vuelta a empezar.

Así que déjalo estar. En serio, solo déjalo. No importa que herramientas como storiesig.com te permitan mirar sus stories anónimamente sin que jamás se entere de que la has visto (la mayoría mandando ALV este post y corriendo a stalkear a su ex en 3,2,1…). Para los que sigan aquí, lo que les decía, echarle chile a la herida no te permite sanar. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero cada vez que hacemos contacto o nos exponemos a la vida de la persona que nos tiene sufriendo hacemos que el cronómetro se vuelva a poner en ceros.

¿Se te va a pasar pronto? No. ¿Te va a doler menos? Pues, tampoco. ¿Si sigo los consejos de cosmo.com volverá a mí? En definitiva…no. Pero lo que sí es seguro es que se te va a pasar ANTES de lo que te costaría si sigues manoseando la herida. Tiempo que puedes usar en otra cosa. ¡Hasta podrías encontrar una nueva alma desprevenida a la que torturar! Así que déjese ahí y buena suerte.

*Foto de cabecera: Josh Gould

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