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De la brillantina rosa y otras vergüenzas

Ago 20, 2019 | Blog | 3 Comentarios

Las redes están que arden.

Devoro todas las noticias que leo al respecto y, aunque no tengo toda la información a la mano, (¿será posible alguna vez tenerla?), lo que leo y escucho me obliga a tomar postura. Decir lo que siento y pienso de todo lo que está pasando, no porque nadie lo haya dicho ya, sino porque callar en estos casos es aceptar, asumir o, peor aún, validar. 

Y ya no quiero. 

Debo confesar que escribo estas letras desde el privilegio. Porque a pesar de haber sido blanco de micro machismos varios (como todas) y de alguno que otro acoso del que salí bien parada, nunca he sido violentada sexualmente.

Tengo historias en las que me he salvado por los pelos: como aquella vez que nos asaltaron a un amigo y a mí y lo bajaron primero a él del coche. Ahí pensé: “ya valí”. Pero no. No me violaron… y llevaba falda. Y eran casi las dos de la noche. Y era joven. Había cometido todos los crímenes que quienes hacen apología de la violencia sexual, señalan. Esos que dicen “a ver, no es que uno no sienta pena por la chica, pero ¿qué hacía sola a esas horas? ¿Será que se lo andaba buscando?” Yo creo que no.

Y que alguien piense que sí no solo me sorprende, sino me horroriza.

Que alguien pida menos vehementemente justicia porque la chica no estaba encerrada en casa con un velo que le cubriera desde la frente hasta los talones, no lo entiendo. Porque además ¿saben qué? También a esas las violan. Y es igual de injusto. 

Porque nadie nadie nadie, déjenme repetirlo NADIE tiene derecho a usarte como escombro sexual, pasar por encima de tus derechos y arrancarte algo que sólo tú deberías decidir a quién dárselo. 

Se quejan de las formas. Que si hacen pintadas, que si faltan al respeto, que son violentas. Y yo les hago una pregunta a todos ustedes que dicen eso: ¿cómo se sentirían en su lugar? ¿No estarían enojados, furiosos, rabiosos si alguien penetrara por la fuerza sus cuerpos, arruinando tal vez para siempre algo que debería ser motivo de placer, lastimándote, humillándote, haciéndote sangrar y llorar? ¿No tirarías piedras si, además, ese alguien fuera precisamente quien te debería de proteger para que eso no te sucediera? Padres, hermanos, policías, etc. ¿No te darían ganas de romper algo si se te han reído en la cara y te han vuelto a victimizar haciendo preguntas que nada tienen que ver con el hecho de que alguien te ha forzado? Yo no sé cómo reaccionaría si me pasara algo así de grave, pero puedo entender el coraje y el hartazgo. Y no solo eso. Me sumo al reclamo de justicia para todas. Sí, hasta para las que hacen pintadas. Porque eso tampoco las hace merecedoras de sufrir violencia sexual y tampoco les quita su derecho a ser defendidas por el gobierno y las autoridades. 

Porque yo también he pasado miedo, muchas veces.

Y por eso cuando veo posts como éstos me hierve la sangre.

Porque pareciera una competencia a ver quién sufre más, a ver quién tiene más derecho a estar ofendido. Pero no se vale jugar así de sucio, usar la demagogia para sentirse mejor, mientras le restas puntos a una discusión de vida o muerte.

Si no, les invito a que les pregunten a los hombres que los rodean si alguna vez han temido ser víctima de violación. Así con estas palabras: ¿alguna vez has tenido miedo de que te violaran? ¿alguna vez has contado el número de hombres contra el de mujeres en un transporte público? ¿algunas vez has comprobado tu vía de escape por si alguien intenta forzarte? ¿Cuál es la respuesta? En mi pequeña encuesta la respuesta fue siempre no.

Y antes de que salten los puristas, aclaro que evidentemente sé que existen mujeres que abusan sexualmente también. Por supuesto que existen mujeres que maltratan y asesinan. La maldad y la crueldad humana no son exclusivas de un solo género.

Pero el querer usar esos argumentos para negar que muchos hombres hoy en día siguen viendo a la mujer como un objeto que está ahí para ser disfrutado, que la cultura popular y la educación que recibimos nos hace víctimas de machismo y explotación, y que la justicia está más dispuesta a ocultar que a perseguir culpables en este caso, nos convierte en cómplices y en distractores.
Yo no tengo ningún problema en que persigamos vehementemente el abuso sexual, lo cometa quien lo cometa. Por favor, adelante, hagámoslo. Da igual si son hombres o mujeres, pero hagámoslo.

No me digas “las mujeres también abusan sexualmente de niños o maltratan hombres” o “es que la violencia genera más violencia” como un mecanismo para que me quede callada, cambiemos de canal y nadie haga nada.

No uses el “hay que protestar pero así no” para que te de la razón. Porque sí, la violencia provoca violencia. Y las mujeres han sufrido violencia, demasiada, constante, normalizada y no se ha hecho nada. Las calles siguen siendo inseguras. Los policías siguen dando más miedo que tranquilidad. Y a la gente con acceso a redes parece importarle más una camioneta o el qué dirán de México en el extranjero (porque claro, a los extranjeros les da miedo que hagan grafitis, no les da miedo que puedan salir violadas y descuartizadas). Y muchas ya estamos hartas y algunas han perdido las formas. Tal vez yo, con los medios que tengo, mi contexto y mi posición privilegiada, protestaría de otra manera. Pero a ellas, a las que ya no pueden más, a las que se sienten impotentes, las entiendo. Lamento su dolor y me pongo de su parte. El día que ser mujer en México no te ponga un tiro al blanco en la espalda, tal vez ese día, cambiaré de opinión.

Mientras tanto todo mi apoyo y que arda lo que tenga que arder.

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