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Crónicas de un Coronavirus con pasta Barilla – Especial de Pascua

Abr 14, 2020 | Blog, Crónicas | 2 Comentarios

Miércoles 8 de Abril

El pequeño está más raro que de costumbre. Le toco la frente y me parece que está un poco caliente. Le pido a mi señor esposo que venga a corroborar.
—Tranquila, que no tiene nada —me dice.

No me convence. Este niño tiene algo. Lo conozco mejor que nadie, no por nada soy la que lo trajo al mundo (badge “Sara García”: desbloqueado).

Lo sigo monitoreando y al cabo de un rato es evidente que tiene fiebre. Le doy un paracetamol.

Después de forcejear un rato con él para que cene, nos damos por vencidos y le quitamos el plato de comida.
“Shisho popó” avisa, que es su forma de decir “se hizo popó” porque no sabe usar la primera persona, pero de eso hablaremos más adelante porque por el momento el niño tiene diarrea.
La noche pasa a intervalos de una hora, hora y media como mucho, en los que nos levantamos, lo cambiamos, lo lavamos, nos quedamos dormidos y el niño nos vuelve a levantar con un “shisho popó”. El pobre no deja de evacuar. Mierda. Nunca mejor dicho.

Jueves 9 de Abril

Cansados, mi esposo y yo empezamos el día con un café bien cargado. El niño por fin duerme un poco. Mi hija se despierta y le contamos lo que pasó por la noche.

“Pobrecito de mi hermano” dice con cara de aflicción. “Lo voy a consentir mucho hoy”, advierte. Como si no lo consintiera siempre, es tan tierna (qué bárbara, traigo la maternidad a tope).

Todo el día es un sinvivir y ante la problemática optamos por ponerle pañales, no sin antes embadurnarlo con crema porque el pobre tiene sus pompis peor que nalga de babuino.

Llamo a la pediatra pero entra el contestador automático. Dejo un mensaje. Estoy pidiendo a Dios que el niño se cure por sí solo, como otras veces, porque me da vértigo el solo pensar en acudir a urgencias. Pero por si las dudas busco en internet y confirmo mi sospecha, se pide que en la medida de lo posible la ciudadanía debe evitar ir al pronto soccorso (así le dicen aquí a urgencias).
A las ocho de la noche llamamos a la Guardia Médica. Tuvimos que esperar hasta esa hora porque el servicio solo está activo de 8 de la noche a 8 de la mañana. Durante el día se supone que tienes que hablar con tu pediatra. Pero la pediatra de mi hijo está ilocalizable. Total que a las 8.01 llamamos a la Guardia Medica y nos dicen que no nos preocupemos, que lo mantengamos hidratado y nos mandan una medicina para que mejore un poco el pequeño. Mi esposo corre a la farmacia.
Por supuesto, el niño odió la medicina. Muy en su línea de carácter complicado. Lo engañamos y se la conseguimos dar, pero como es medicina y no remedio milagroso, nos mentalizamos para tener otra noche desastrosa.

Viernes 10 de Abril

Vuelvo a llamar a la pediatra. Me vuelve a mandar a buzón. Le dejo otro mensaje y, de nuevo, me quedo sin respuesta. El niño sigue con diarrea pero por la tarde notamos que la medicina comienza a tener efecto. El culo del niño lo agradece.

Para este momento yo ya me arrastro por la vida. Estoy hasta la coronilla y me siento muy ansiosa. Soy una madre aprehensiva y lo único que me tranquliza es que por lo menos sé que la infección intestinal de este niño le ha dado por estar jugando con la tierra. Sí, el mentado huerto de patatas. 
Cuando el niño se duerme la siesta me pongo a leer noticias y me topo con un artículo sobre el coronavirus y la India. De cómo el gobierno pasó de negarlo a, de repente, sin previo aviso, hacer un lockdown que dejó a muchos trabajadores de bajos recursos en la calle, gente que decidió irse a pie a sus lugares de origen sabiendo que tal vez morirían en el camino, sin protección y sin información. De cómo luego a algunos a mitad de camino los obligaron a volver porque estaban cerradas las carreteras y se le prohibía el paso hasta a aquellos que iban a pie. Después se me atravesó un video en Facebook que mostraba la crisis por el COVID-19 en Ecuador y de cómo se quedan los cadáveres ya sea en la calle o en las casas durante días antes de que alguien vaya a recogerlos. Se me vino la moral al suelo. Este virus está dejando expuestas las muchas y muy grandes miserias del ser humano. Me entran ganas de llorar.

Sábado 11 de Abril

La criatura está mejor del estómago pero no se podría decir que está curado. Además tiene muy mal genio y cada día que pasa en aislamiento se asemeja más a un topo salvaje.

Ayer el gobierno de Italia informó que el confinamiento y las medidas adoptadas no acabarán el 14 de abril, como se había dicho hace dos semanas. Pero eso ya nos lo imaginábamos. La nueva fecha es el 3 de mayo. Eso sí, algunas cosas cambian. A partir del 14 de abril podrán abrir de nuevo los negocios de venta de ropa para niños, tiendas de electrodomésticos, de material informático, las librerías y las papelerías. Por aquello del desabasto de material escolar que parecen estar padeciendo los hogares con estudiantes a bordo. También reabren estudios profesionales, como por ejemplo los de arquitectura e ingeniería, con previa desinfección del lugar de trabajo y con el compromiso de seguir las medidas de higiene y seguridad exigidas de ahora en adelante por el gobierno. Lavanderías y tintorerías, también. Esas no sé si ya estaban abiertas desde antes, la verdad, pero me acabo de enterar. También se le da luz verde a todas las actividades relacionadas con la tala de árboles y flora silvestre porque se acerca el calor y hay que prevenir el riesgo de incendios.

Las escuelas siguen cerradas hasta nuevo aviso y de hecho en el chat de mamás de la guardería hay mucho pesimismo. Corre el rumor de que a los niños de menos de 6 años no se les dejará volver el próximo año porque es imposible aplicar distanciamiento social con ellos, conseguir que se pongan una mascarilla es misión imposible y mucho más aún que entiendan que no deben andar con el moco colgando ni tosiéndolo al de al lado. Suena lógico, pero también suena como a que ha llegado el momento en que deje mi filosofía de “ya lo haré cuando mi vida vuelva a la normalidad”. Tengo que encontrar espacios para mí y mis actividades sin depender de una escuela o una niñera. Comer mejor, hacer ejercicio, escribir, trabajar o leer, son cosas que ya no puedo postergar para cuando tenga tiempo y pueda pasar un momento a solas. Porque todo parece indicar que me quedan muchos meses con el topo salvaje pegado a mis faldas. 

Domingo 12 de Abril

Cuando una ve películas sobre el fin del mundo normalmente la película va así:
– Primeros veinte minutos de presentación de personajes, se desvela un problema que amenaza con acabar el mundo.
– Se desencadenan los eventos que anuncian la hecatombe y el mundo se divide entre los que les vale pito o corren despavoridos y los que están intentando salvar el mundo.
– Llega la catástrofe, amenaza con despedorrar todo y se lleva a cabo una gran peripecia para salvar el mundo
– Los héroes de la película salvan el mundo y miran al horizonte, felices por haberlo conseguido y melancólicos por lo que se perdió en el intento.

Lo único malo es que en esta versión del fin del mundo que nos tocó vivir el guionista se quedó dormido en la parte de la catástrofe. Es como si la imagen se hubiera puesto en ralentí justo cuando la ola gigante está por caer, o antes de que los héroes hagan explotar el meteorito. Estás esperando el clímax pero la acción pasa por tu pantalla a menos un cuadro por segundo, mientras la amenaza sigue cayendo lentamente, durante mucho muuuuucho tiempo.

El punto es que si esto es el fin del mundo, no parece una película de acción. Parece más bien una película de suspenso de esas en las que  no falta el personaje idiota que dice “voy a salir” y todos los espectadores así de “no, no, no salgas, no mames, no seas pendejo”. Pero el personaje igual sale y se lo carga la chingada. Cualquier símil con algunos de los vecinos que desde aquí estoy viendo cómo se saltan la cuarentena este domingo de Pascua, es pura coincidencia. 

Lunes 13 de Abril

Estoy cansada, de mal humor, odio al mundo y a la gente que se salta la cuarentena. Tal vez odio primero a la gente que se salta la cuarentena y luego al mundo así de forma general.

Vuelvo a llamar a la doctora porque aunque el niño no tiene fiebre, sigue con un poco de diarrea y ya me parecen muchos días para un bebé de dos años y medio. Después de mucho insistir me contesta molesta y me dice que es día feriado. En México y España los días de fiesta obligatorios son jueves y viernes santo, pero aquí es el Lunedì dell’Angelo.

—Usted disculpe doctora es que con esto de que nadie sale de su casa ya no sé cuándo es fiesta y cuando no y es que la he estado llamando…
—Sí, lo sé, pero es que es fiesta —me responde.

O sea que ha escuchado mis mensajes pero pues ya estaba a punto de empezar el fin de semana y luego lunes de Pascua. ¿Cómo se le ocurre al niño irse como hilo de media en días santos? Me dice que igual lo tendría que haber llevado al pronto soccorso para que lo vieran, que si me presentaba seguro lo atendían. Total, es mejor arriesgarnos a ir a un hospital en plena pandemia que molestar a la señora POR TELÉFONO en fin de semana. Hace un intento de terminar la llamada, pero me trago mi orgullo y le suplico que me diga por lo menos si no cree que podría ser algo más grave o si no cree necesario revisar al niño mañana. Pero no. Me dice que muchos líquidos, que las infecciones intestinales no se curan con medicina y que trate de no darle lácteos. Y que si vomita lo lleve a urgencias. Ciao.
Me da un coraje épico y tengo ganas de aventar el teléfono por la ventana. Menos mal que ya hace varios días en la guardia médica se habían portado mucho más humanos y nos habían dado recomendaciones que estaban funcionado. Pero como me insistieron que consultara con la pediatra de base, pues eso hice. Y me llevé un regaño.
Afortunadamente, el niño está casi curado y, cosa rara, de muy buen humor.
Mi esposo no trabaja hoy y se ha pedido de vacaciones también el martes y el miércoles. Así que se la pasa jugando con los niños toda la mañana. No sé quién se la está pasando mejor, si ellos o el papá, pero solo de verlos me pongo de buen humor.
Por la tarde reviso la página de Iberia y confirmo que ya están reembolsando los vuelos a México para junio. Ni modo, no toca ir a México este año. Ya será para el que sigue.

Martes 14 de Abril

En redes sociales había estado leyendo comentarios de gente que decía que con el confinamiento muchas parejas se estaban quebrando, porque no es lo mismo verse nada más un rato por la noche cada día que pasar semanas enteras ocupando el mismo espacio. Y creo que eso está pasando aquí. No con mi esposo y conmigo que somos como dos sanguijuelas, sino con los niños. Eran dos hermanos amorosos, que jugaban juntos, se reían, no se ponían celosos. Pero claro, pasaban cada uno ocho horas respectivas conviviendo en espacios diferentes, con otras personas y en dinámicas distintas. Ahora están todo el tiempo en casa compitiendo por la atención de papá y mamá y creo que se les está acabando la luna de miel.
Mi esposo y yo los oímos pelear y nos morimos de la risa. Parecen un dueto de Amanda Miguel y Diego Verdaguer.

Podríamos intervenir para ayudarlos a resolver el conflicto, pero entonces nos estaríamos interponiendo entre el karma que han acumulado por ser tan pesados con nosotros y ellos. Y ¿quiénes somos en realidad nosotros para impedir que el universo cumpla con su misión?

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