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Crónica de un Coronavirus con pasta Barilla (parte 7)

Mar 31, 2020 | Crónicas | 3 Comentarios

Miércoles 25 de Marzo

Probable rutina del día de hoy
(y de ayer y de mañana y de pasado mañana y ustedes ya me entienden)
– Despertarse
– Hacer el desayuno
– Escuela para la grande (yo maestra, ella alumna) / Entretener al pequeño (yo tiro al blanco, él anarquista anti sistema)
– Darse por vencida y ponerle la tele al niño para que su hermana aprenda algo.
– Limpiar y arreglar la casa.
– Pelear con el pequeño para convencerlo de bajar al patio
– Bajar al patio para hacer un poco de ejercicio
– Luchar con el pequeño porque ahora no quiere subir a la casa
– Comer
– Mantener entretenidos y con vida a los niños
– Intentar que la casa no se venga abajo
– Cenar
– Meter a los niños a la cama

Pero esta lista engaña porque, para ser sincera, la rutina y el día a día no están siendo tan pesados. Hasta se podría decir que van muy bien, a excepción de los pocos momentos de lucha de poder entre el niño y nosotros (bueno, de demostración de poder. En este caso del poder de los pulmones de este niño y de su capacidad de hacerse notar o entender a gritos).

Cuando mi esposo acaba de trabajar, baja a sacar la basura y a comprar el Ventolin del niño. Al volver, me dice que ha visto al vecino del edificio de al lado tanto a la ida como a la vuelta y que éste no lo ha saludado (como siempre). Me intriga cómo es que nos encontramos a este señor constantemente saliendo o entrando cada vez que bajamos. Si bajo con los niños, ahí está. Si salgo a comprar, también me lo cruzo. Si mi esposo está corriendo en el cortile, también lo ve. De hecho una vez lo vio que salía, con ropa deportiva, trotando hacia la calle y cuando vio que mi esposo estaba corriendo en el patio fingió que se regresaba a su casa.

Jueves 26 de Marzo

9 am. Está nevando. ¿Nevando?
Por un lado me gusta. Es bonito ver nevar desde la ventana y también un gran pretexto para preparar chocolate caliente y meterse debajo de las cobijas. Pero por otro lado significa que probablemente estemos viviendo el fin de todos los tiempos porque es pinches 26 de marzo y está nevando.
Además, con la nieve y los médicos en Italia al borde del colapso lo más sabio será no bajar a jugar al cortile hoy, lo cual debería de ser una mala noticia porque en teoría es nuestro único momento fuera de la casa. Pero me doy cuenta de que esto del encierro empieza a gustarme más de la cuenta. Comida casera, apapachos a todas horas, estrés cero con el rendimiento escolar de la niña, esposo en casa, nada de correr para llegar a tiempo a ninguna parte. Mi hija me pide, como parte del tiempo de calidad que pasamos juntas, que juegue videojuegos con ella. Y yo finjo que solo lo hago por complacerla ¿podría ser esto más perfecto?

La única cosa negativa —por decir algo, porque no nos olvidemos de lo que está sucediendo afuera— es que a causa de la emergencia se han abierto un montón de recursos online, libros de descarga gratuita, revistas a costo cero, cursos de fitness, cocina, pintura, fotografía, videos en vivo de celebridades y gurús, películas en streaming y nosotros no podemos aprovechar ninguno de esos recursos porque estamos a cargo de los niños. ¿No me podrían dar un bono cuarentena canjeable para cuando pueda volver a disfrutar una mañana sola en casa?

6 pm. Me ataca un dolor de cabeza terrible, paralizante. Me tengo que echar en la cama y todo me parece un poco difuso. Me voy quedando dormida a ratos y ya no consigo levantarme.

Viernes 27 de Marzo

No hay rastro del dolor de cabeza. No sé qué puede haberlo ocasionado, pero lo más probable es que fuera una cosa sin importancia, estrés o cansancio (aunque no me siento especialmente cansada ni agobiada), algún cambio hormonal… tal vez no comí lo suficientemente bien. O a lo mejor fue una respuesta física a toda la preocupación que estamos viviendo. Pero ya estoy como nueva.

En la mañana hice un pastel y después de comer lo servimos y le cantamos el “tanti auguri” al niño por tercera vez desde que empezó la cuarentena. Su cumpleaños es hasta julio pero él se lo pasa muy bien y a nosotros nos hace gracia la cara que pone cuando sopla las velas.

Una cosa que me ha llamado la atención en estos días de extrema convivencia, es que a mi hija le hace ilusión ser como yo. Hace hasta lo imposible por usar ropa similar a la mía y está entusiasmada porque mi intento (terrible, catastrófico, informe intento) de cortarle el pelo le dejó un largo parecido al mío. Me da mucha ternura, sobre todo cuando se ocupa de su hermano como si ella fuera una extensión mía. Aunque a veces es demasiado. Tengo que pararla y explicarle que no es obligación suya que el niño obedezca. Que ya me encargo yo. Ojalá algún día se de cuenta que ser como yo no tiene nada de sentido y que se dedique a ser como ella y nadie más que ella. 

Por otro lado, y como gran highlight de la semana, hoy es el cumpleaños de mi hermana. La llamamos y felicitamos. Le pasamos todo nuestro cariño, a falta de una promesa de vernos pronto. Quiero mucho a mi hermana.

Sábado 28 de Marzo

El buen clima ha vuelto. Pero seguimos en aislamiento y los números no parecen estar cambiando. Oscilamos entre los 900-800 muertos al día en Italia. España alrededor de 500 y muchísimos contagiados nuevos. México parece seguir esperando a que algo pase pero no pasa nada. En Estados Unidos corren todos despavoridos (no es verdad, creo que están todos en sus casas, pero funciona como metáfora de la indefensión del primer mundo ante un virus tan versátil).

Por puro masoquismo vemos la película de Contagio, como si no tuviéramos ya suficiente con todo lo que nos llega por la televisión, mensajes, redes sociales, conversaciones con amigos, etc.

Domingo 29 de Marzo

Sin novedad en el frente.
Rutina del día: referirse a la entrada del miércoles 25.

Hoy intento hacer ejercicio de nuevo y termino con un saldo de una mordida en la pierna que me sacó hasta sangre y un puñetazo en el ojo, ambos cortesía de mi hijo pequeño.

Por la tarde mi hija la mayor declara que mañana hará el reto “24 horas copiando todo lo que hace mi hermano”.

—Bueno, lo de hacerme pipí encima, eso no lo voy a hacer —aclara.

Qué suerte que tengo.

Lunes 30 de Marzo

Para los que no lo saben, soy una fan consumada de Bon Jovi. Desde siempre. Bueno, desde que tuve edad de escuchar mi propia música. No es una banda que vaya precisamente de la mano con mis otros gustos musicales, pero me mantengo fiel. Siempre me acompaña y muy seguido descubro gratamente que alguna canción suya está de fondo musical en restaurantes o tiendas.

Total, que esta mañana me viene a la mente la letra de una de sus canciones: Someday I’ll be Saturday Night y pienso “qué apropiado”. Esa canción, hoy más que nunca, me representa. Cojo mi celular, busco la canción y la pongo a todo volumen decidida a cantarla a todo pulmón mientras cocino.

“Hey, man I’m alive, I’m taking each day and night at a time.
I’m feelin’ like a Monday but someday I’ll be Saturday night” 

Mientras le doy a los tambores imaginarios en el aire, entra mi esposo y me corta la inspiración.
—Hey qué chulo, ¿cómo se llamaba esa canción? ¿qué estás haciendo de comer? ¿me das un beso? —dice.

Ok, no es tan grave. Ha entrado en la parte de la canción que no tiene nada que ver con lo que siento en este momento. Sale de la cocina y retomo la canción en un buen punto.

“And Tuesday just might go my way
It can’t get worse than yesterday…”

Desafortunadamente, mi hija entra quejándose de que le duele el estómago. Yo, como madre del año que soy, intento ignorarla para poder cantar la estrofa que sigue:

“Thursdays, Fridays ain’t been kind
But somehow I’ll survive”

Porque “I’ll survive” ¿entiendes? I will fucking survive. We will all survive.

Pero entonces entra el niño gritando “Salame sí! Salame sí!” Y se abraza a mis piernas. Tiene hambre y quiere salame. Evidentemente.

Pongo pausa y atiendo a la familia. No pasa nada. Porque Someday (hopefully soon) I’ll be Saturday night.

Y aquí terminan estas crónicas, ya no habrá parte 8*. Porque el resto del mundo nos ha alcanzado y ya se está viviendo una réplica de lo mismo en todas partes. Casi toda la gente que conozco está en su casa intentando aportar su granito de arena para contener al Coronavirus, que si bien nació en 2019, parece empeñado en jodernos el 2020.

No nos quedan advertencias que mandar. Solo nos queda esperar a que pase el tiempo y descubramos si podemos dejar esto atrás —como una pesadilla de la que te despiertas sudando y con el miedo todavía en el cuerpo—, o si las reglas del juego cambiaron para siempre. Pero esa será otro tipo de historia.

*(Actualización: bueno, está bien, seguimos)

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