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Crónica de un Coronavirus con pasta Barilla (parte 5)

Mar 20, 2020 | Crónicas

Lunes 16 de Marzo

Empieza la segunda semana real de aislamiento, pero la cuarta para los niños sin escuela. Hemos hecho un calendario con mi hija para que no se nos vaya el día sin hacer nada productivo y, por el momento, está funcionando. Contemplamos dos horas de estudio: una en la mañana y otra en la tarde. Para usar la tablet o ver YouTube solo tiene permiso dos horas al día. El resto del día lo repartimos entre jugar, ayudar en casa y bajar al patio del edificio a hacer ejercicio. Ojalá podamos seguir bien con la dinámica porque en el chat de las mamás dicen que es muy probable que ya no vuelvan a la escuela este año. “Ci vediamo a settembre”, escriben. Yo creo que en mi otra vida era un monje budista y aplasté un gusano, porque este nivel de karma es desproporcionado.
Por lo menos el tema de quitarle el pañal al niño va bien. Mi esposo se hizo cargo el fin de semana y ha conseguido avances. Es un hombre determinado…mi esposo, no el niño. Aunque el niño también es bastante determinado. Ya veremos quién gana.
Sigo, por supuesto, sin facturar un solo euro. Mis clientes están todos parados.
Mi esposo está trabajando desde casa y yo sigo de guardiana de sus juntas y conferencias varias.
A la hora de la comida hablamos con mis suegros, ellos también ya están quedándose en casa sin salir. En España las cosas han avanzado demasiado rápido y ha entrado el ejército a las ciudades para ayudar a la policía local a supervisar que nadie salga.
De la nada mi hija me pregunta “Mamá, ¿es verdad que los adultos a veces se comportan como niños?” Le digo que sí pero no me atrevo a averiguar por qué me hace esa pregunta.

Martes 17 de Marzo

Estoy un poco sensible. Hoy recibí un mensaje de alguien a quien estimo mucho y de quien hace tiempo no sabía nada preguntando cómo estábamos. 

Por otro lado, mi hermana en México está ya en pie de guerra tomando precauciones e intentando que la gente tome conciencia. No para que se asusten pero para que entiendan que el momento está llegando para ellos de actuar. Así que estamos en constante comunicación. 

Eso me recuerda que ya no tenemos mucha comida y se está acercando el momento de ir al super. La idea me pone de mal humor. Además, tengo que comprar una medicina porque al niño le ha salido un orzuelo en el ojo. 

Mi hermana me comenta que algunas personas no se creen que el tema del Coronavirus sea para tanto y me pide que le deje usar un video que hice contándole la situación para compartirlo. Qué oso. Algunos amigos preguntan qué tan cierto es todo lo que digo, si acaso yo conozco a alguien que tenga el virus o a alguien que esté en el hospital. Y no, no conozco a nadie de primera mano. Sé de amigas que han tenido que ser puestas en cuarentena porque han estado en contacto con gente que ha dado positivo pero nadie que yo conozca ha dicho que tenga el virus. Lo cual tampoco es mucho decir porque yo llevo solo dos años en esta ciudad y no conozco tanta gente.  

Aún así, me entra el gusanillo y decido llamar a mi amiga, la que estuvo en cuarentena y que además es doctora. Me dice que la situación es muy real, que se están quedando muy cortos de recursos y que todos los días que habla con sus colegas le confirman lo mismo, están tristes y cansados. Aclara que sí, que mucha gente que se contagia no desarrolla síntomas graves y que muchos a lo mejor la pasan con síntomas leves. Muchos amigos, dice, le han llamado para decirle que tienen el virus y que sus síntomas son muy diversos. Ella me conoce bien y sabe que mi hijo Javi tiene una condición respiratoria cercana al asma desde siempre y me dice que en nuestro caso el consejo es que NO salgamos bajo ningún motivo. El virus es peligroso para gente con condiciones que, en otro momento no serían tan graves, pero que complican mucho la enfermad COVID19. Y añade algo que me deja muy impactada “a toda esa gente que dice que la gente se muere CON Coronavirus y no POR Coronavirus, están muy equivocados. La gente se muere POR Coronavirus. Y aún peor, se mueren solos. Porque no se les permite a sus seres queridos estar cerca por el peligro de contagio. Y sí, la mayoría son ancianos, es cierto. Ancianos que mueren solos y que después se les incinera sin un funeral porque por el momento están prohibidos en Italia”. 

Cuando termina la llamada estoy en completa depresión. Además, no dejan de pasar ambulancias. 

Ya son 440 casos en Modena. 

Miércoles 18 de Marzo

Hoy tuve que salir otra vez porque el cartero nos dejó un aviso de multa. El documento dice que tenemos que ir a recogerla en el término de cinco días a la oficina postal. Llamamos por teléfono preguntando si no nos podían mandar la multa vía electrónica y nos dijeron que no. O sea que en pleno confinamiento: a) mandan un cartero a dejar la carta con el aviso b) nos hacen salir de casa para recoger la multa y c) cuando llego a la oficina postal me dicen que como la multa está a nombre de mi esposo, tengo que traer también su carta de identidad. Le pregunto a la mujer si no le vale una foto de la identificación (ya que en el aviso dice que se pueden fotocopias) y me dice que no. Me enojo y quiero mostrarle el dedo de en medio a la encargada cuando me dice “es que hay que leer”, pero en el fondo sé que tiene razón y me aguanto las ganas. Eso me pasa por poner la regla de que soy la única que saldrá del edificio mientras dure el encierro, el truco perfecto según yo para conservar mi salud mental.

Total que tengo que volver, recoger la identificación y de regreso a la oficina postal. Después voy a la farmacia por el Ventolin del niño y compro comida. Para cuando regreso a casa traigo una angustia marca diablo. ¿Me está empezando a dar ansiedad salir a la calle? Espero que no. No quiero ser como esos pobres perros que, después de estar mucho tiempo en una jaula, cuando por fin los dejan libres no saben qué hacer y les da miedo pisar el pasto.

Además, entre el pesimismo que me cargaba ayer y el mal humor que traigo ahora, estoy muy sensible. Traigo el nudo en la garganta a la orden del día.

En las últimas 24 horas estas son las cosas que han estado a punto de hacerme llorar:
1. Un video de un policía en España que vigila las calles pero pone canciones de niños a todo volumen para entretener a los pequeños que lo miran desde sus casas.
2. Un dibujo con un arcoíris y la frase “tutto andrà bene” que un vecino colgó en su balcón.
3. Cuando actualizaron las estadísticas en todo el mundo respecto al virus.
4. Una canción que me puso mi esposo de Calamaro junto con los Tigres del Norte.
5. El tweet de un médico hablando de su experiencia en el hospital.
6. Cuando escribí a Adobe para cancelar mi suscripción a algunos servicios de pago y me dijeron que entendían la situación por la que estábamos pasando los freelance en Italia y que no era necesario que pagara por tres meses. Bueno, vale, ahí sí lloré. Menos mal que estaba hablando con ellos vía chat.

No creo que ni mi angustia, ni mi enojo, ni la tristeza me estén ayudando a hacer menos pesada la carga del confinamiento. Tengo que hacerlo mejor. Voy a intentar pensar en cosas positivas. Resetear el día y hacer de cuenta que el episodio de la multa no pasó. Porque además era una multa de 40€ por exceso de velocidad. Por exceso de 1 km/h de velocidad para ser precisos. Pero estamos pensando en positivo, así que no pasa nada. No diré “qué hijos de su puta madre” “qué abuso” “pero si solo fue un kilómetro”. No. No diré nada de eso porque las reglas son las reglas. Y no seguir las reglas nos trajeron hasta aquí. Obediencia. Orden y progreso como dicen en Brasil.

Jueves 19 de Marzo

Siguiendo el espíritu de ayer me pongo manos a la obra y creo mi lista “Diez aspectos positivos del encierro”:

1. Un amigo de mi esposo aquí en Italia le mandó un montón de ropa y accesorios para correr como regalo porque sabe que es su único desahogo. Ahora podrá dar vueltas alrededor del edificio en el patio interior pero con mucho estilo.

2. Un colega me había pedido ayuda con su cortometraje pero el trabajo y la vida no nos daban para ponernos con ello. Así que lo llamé y hemos empezado a hacer todo el trabajo de planeación para que una vez que pase la tormenta estemos listos para filmar.

3. Estoy viéndole un futuro a la niña en el campo de la traducción e interpretación simultánea. Se le da muy bien eso de seguirme y estar siempre muy cerca de mí para que cuando digo algo ella pueda replicar. Ejemplo:
El niño está berreando a todo volumen con calidad Dolby Surround
Yo (al niño): Pero hijo no grites.
Mi hija: Sigue gritando.
Yo (al niño): ¿Qué tienes? ¿Por qué lloras?
Mi hija: No quiere comer
Yo (al niño): Javier, si sigues gritando te voy a castigar. No grites.
Mi hija: No te está haciendo caso. Sigue llorando.
Yo (al niño): A ver, cómete esto.
Mi hija: Lo va a escupir.
Yo (al niño): No lo escupas.
Mi hija: Ya lo escupió.
Yo (al niño): Pero niño, ¿esto qué es? Compórtate.
Mi hija: No sabe comportarse.
Yo (al niño): Mi amor, ya no llores, ¿que quieres?
Mi hija: No quiere comer, quiere sus juguetes.
Yo (a mi hija): Pues tráele uno de una buena vez y deja de agobiarme por el amor de Diossssssssss.

Es verdad que la escena fue un poco estresante pero qué talento de esta niña de estar ahí en medio de la acción cuando en realidad nadie se está dirigiendo a ella.

4. Ya no me duele el brazo ni la espalda. Todo el año me había quejado de dolor en el lado izquierdo por tanto cargar al pequeño. Cuando lo llevaba y lo recogía de la escuela me pedía ir en brazos y además tenía que ayudar a la grande con la mochila. También me pedía mucho que lo cargara cuando íbamos a la calle. ¡Ahora no salimos a ningún lado! Resultado: brazo y espalda sana.

5. Ya no tengo que hablar con gente cuando no me apetece. Se acabaron las situaciones sociales incómodas por el momento. Pero mi italiano está empeorando. Digamos que este punto es neutro.

6. La niña va al día con sus tareas y está feliz de pasar tanto tiempo con su papá y conmigo. No sé si el gusto es mutuo, pero ella está muy contenta.

7. El niño está engordando un poco, lo cual le hacía mucha falta porque siempre ha estado bajo de peso. La mamá no estaba baja de peso, pero también está engordando un poco. Nada es perfecto.

8. No tengo tiempo de aburrirme. De hecho el día se me pasa volando. Algunas personas publican listas de “¿Qué hacer durante el encierro?” o “¿Cómo entretenerse durante la cuarentena?” Pero yo no tengo ese problema. Me la paso de arriba a abajo (de la casa, por supuesto) todo el día. Creo que nunca había puesto tantas lavadoras en toda mi vida.

9. Estoy disfrutando mucho el tiempo en familia. Cero sarcasmo. Mis niños nunca volverán a ser así de pequeños y me estoy dando un atracón de besos y apapachos. ¿Será que por fin me he convertido en un adulto maduro?

10. Empiezo a cogerle gusto a esto de las listas. Me deberían de contratar en una de esas revistas donde siempre se hacen listas de cosas superfluas o sin sentido para hacerlas parecer menos triviales. Creo que lo haría muy bien.

Viernes 20 de Marzo

4 am. No puedo dormir.  Me siento atrapada. 

Jesus-freaking-Christ. Alguien sáqueme de aquí. 

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