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Crónica de un Coronavirus con pasta Barilla (parte 4)

Mar 15, 2020 | Crónicas

Martes 10 de Marzo

El Primer Ministro de Italia declara que las medidas que se estaban aplicando en las zonas rojas ahora son obligatorias para todo el país. Es decir, toda Italia es una gran, enorme zona roja. Los desplazamientos se están controlando y se pide a la gente que se quede en casa. Pero esto ya no va a parar. En Modena ya hay 116 casos, y por alguna razón el porcentaje de mortandad es más alto aquí que en China. O sea que en este caso no se aplica el dicho de que la gente se muere igual “aquí y en China”. No. Aquí la gente se muere más. ¿Qué gente? No lo sé. ¿Los ancianos? Puede ser pero tampoco hay muchos datos sobre eso.

Mi esposo ya está entrando en trance. Estaba levemente preocupado pero anoche que salió a correr, una persona que iba o venía del Policlinico lo empezó a increpar diciéndole que se fuera a casa. Se regresó y corrió sus kilómetros en el patio interior del edificio. Hoy dice que hará lo mismo. Y que mañana ni de coña va a trabajar. Así dijo, “ni de coña”. 

Miércoles 11 de Marzo

8 pm. Parece que la jefa de mi esposo está de acuerdo con él. Ella tampoco quiere que vaya a trabajar. “Ya ni turnos ni ostias” dice mi esposo. Me pregunto si estará haciendo un resumen de la reunión telefónica con su jefa o si habrán dicho eso en italiano: “Niente turni, niente ostini”? o “Ne turni, ne cibo sagrado di Gesù nella sua ultima cena con gli apostoli?” Me pongo como nota mental buscar como se dice “hostia” en italiano. 

La chica que nos ayuda en casa termina con sus labores y le decimos que por su seguridad y la de todos, es mejor que no venga por unos días. Lo entiende. Quedamos de llamarnos. 

2 pm. Tengo cita con el dentista. Unas horas antes me habían llamado porque estaban obligados a hacerme unas preguntas. ¿Ha ido al extranjero? No. ¿Tiene fiebre? No. ¿Alguien en su casa ha viajado o tiene síntomas como tos y fiebre? Tampoco. Cuando llego no hay casi nadie. Todos llevan máscaras menos yo. Evidentemente no tendría sentido porque van a trabajar en mi boca. Pero igual me da envidia. Les digo la broma de que a ver si un paciente no les roba las máscaras. Yo, jajaja. Ellos, nada. El doctor me informa que van a terminar con mi tratamiento porque era urgente pero que después de eso cerrarán el consultorio hasta el 3 de abril. Están de mal humor. Salgo y me regreso a casa, no sin antes bañarme en gel antibacterial.

4 pm. Tocan el timbre. Es el propietario del departamento y un plomero. Que porque el vecino de abajo tiene una mancha de humedad en el techo de su baño. El plomero lleva máscara pero el propietario no. Me genera un poco de malestar dejarlos pasar. Ese problema del baño existe desde hace meses, en teoría en verano lo habían arreglado pero después volvió a salir la mancha. Lo sé porque el plomero me llamó hace como dos meses para preguntar. Me dicen que desafortunadamente tendrán que abrir para encontrar el problema. Es decir, que hizo mal su trabajo y luego postergó el corregir su error por meses y ahora, AHORA, piensa que es el momento perfecto para arreglarlo. Me sorprende la firmeza con la que les digo que lo siento muchísimo por la vecina pero que a menos que se tratara de una fuga, no puedo dejarlos intervenir mi baño durante la cuarentena. Que si bien nos va, pueden venir el 3 de abril pero mientras tanto, ni modo, la mancha del techo de la vecina seguirá ahí. No está en mi naturaleza ser así, pero con cuatro personas metidas en casa todo el día no me puedo dar el lujo de quedarme sin baño ni cinco minutos. 

11 pm. Por lo que escucho, todos los negocios y actividades están cerrando también, por completo. Solo pueden abrir tiendas de artículos de primera necesidad (alimentos, higiene, etc.), supermercados, farmacias, gasolineras y tabaquerías. Lo de las tabaquerías lo entiendo, ya tenemos suficiente con lo que está pasando, no necesitamos cientos de fumadores con síndrome de abstinencia. Además, se endurecen los controles para que la gente se quede en casa. O sea que niente cumpleaños.

Jueves 12 de Marzo

He intentado postergar el ir al supermercado lo más que he podido. Por aquello de evitar contacto con la gente. Todavía tengo algo de comida pero creo que tendré que ir por ciertos enseres que no pueden faltar en casa. Extrañamente, me doy cuenta que la caja de pasta Barilla que compré sigue ahí. No la hemos cocinado. Resuelvo que esta noche cenaremos esa pasta, porque con mi subconsciente no juega nadie.

Mientras hago la lista del súper, me entero que en otras partes del mundo el papel higiénico está siendo un problema, pero la verdad es que aquí en Italia la gente compra papel higiénico al mismo ritmo de siempre. No da miedo quedarse sin papel. ¿Será porque todas las casa tienen bidé? Este es un momento de grandes cuestionamientos para mí. 

Un item que no esta en mi lista es el agua. Mi hija la mayor hace como diez meses nos obligó a colocar un filtro en la cocina (bastante caro el muy maldito pero que estamos pagando a meses), que porque en la escuela le dijeron que las botellas de plástico contaminaban mucho, con lo cual estoy de acuerdo, pero nos acabamos de convencer porque vivimos en un segundo piso sin ascensor y eso de andar subiendo galones de agua cada dos por tres era agotador. Total que gracias al mentado filtro no nos tenemos que preocupar por comprar agua y eso se agradece muchísimo en este momento tan complicado.

Me armo de valor y de gel antibacterial. No mucho porque están agotados en todos lados y si se me acaba el que tengo tendré que comprar más por internet a un precio abusivo. Cuando llego al supermercado el estacionamiento está algo vacío pero hay gente. La experiencia es bastante surreal. Me tardo el doble de lo que suelo tardarme porque tengo que esperar a que la gente se aparte de la estantería a la que quiero acercarme. Por megáfono se nos recuerda que nos mantengamos a un metro de distancia por lo menos. Aprovecho para comprar todo lo de la semana y no tener que volver hasta dentro de siete u ocho días. Cuando regreso le comento a mi esposo que había de todo menos pollo, el único que quedaba era el de unas bandejas que decía “sin antibióticos”. Ah y tampoco había ningún tipo de jabón de manos que dijera “antibacterial”. Mi esposo se me queda viendo y me dice: “pero si esto es un virus, no una bacteria. Lo que importa es que sea jabón”. Estos son los momentos en los que me parece sumamente sexi haberme casado con un científico. En tu cara, Elsa Pataky.

Viernes 13 de Marzo

Hoy a nadie se le ocurre hacer la típica broma absurda del Viernes 13. Porque ya estamos de mala suerte desde hace mucho rato. Y eso de que ni te cases ni te embarques, pues lo veo complicado porque por el momento están prohibidos los matrimonios y los funerales. Bueno, las bodas. Porque los que ya estamos casados no nos pueden prohibir estarlo… aunque no sé… tal vez deberían. Además en realidad ese dicho es para el martes 13, pero nunca falta el confundido. 

Sábado 14 de Marzo

Estoy un poco preocupada. Sigo sin facturar nada. Los clientes están igual que yo y no los voy a presionar. Pero me angustia no saber hasta cuándo estaremos así. 

Mi esposo me dice que abra mi regalo de cumpleaños por adelantado. Es un juego llamado RingFit para la Nintendo Switch, un videojuego para hacer ejercicio pues. Amo a mi señor marido sin control. No solo me encantan los videojuegos, sino que además me urge un poco de actividad física porque estar encerrada no está siendo especialmente bueno para mi figura. Y por si fuera poco a los niños les parece entretenidísimo. 

Pasamos un buen rato jugando y eso me ayuda a despejarme. 

En México la gente me pregunta mucho por lo que está pasando, porque ya han reportado casos de Coronavirus ahí. Yo lo único que puedo decirles es que no tengan miedo, pero que tomen las debidas precauciones. No sé a qué ritmo se vaya a desarrollar ahí el Coronavirus. En España nos están alcanzando en tiempo récord.

Domingo 15 de Marzo

Feliz cumpleaños a mi. Abso-fucking-forty. Hace unas semanas, cuando todavía el mundo no había llegado a su fin, pensaba en cómo hacer del festejo de mis cuarenta un evento inolvidable. Ahora me siento como el tonto que no le hace caso al genio de la lámpara cuando le dice “pero ten cuidado en la forma en que formulas tu deseo…” Se me olvidó desear unos cuarenta inolvidables que no incluyeran una pandemia. Pero este cumpleaños no se me va a olvidar nunca, no señor. 

Como el servicio a domicilio sí está permitido, pedimos unos cupcakes para festejar porque el único tipo de pastel que tenía disponible el negocio al que llamé no me gustaba. Cuando llegó el momento de cantar el “tanti auguri”, nos dimos cuenta de que no teníamos velas. Mi hija, que nunca se da por vencida, salió corriendo a su cuarto y cuando regresó llevaba un número cuatro y un número cero hecho con masa de PlayDoh montados en unos palitos de madera que había clavado en dos velas de esas que uso para mis difusores. Casi me pongo a llorar. Mis cupcakes y mis velas me hacen muy feliz. Es increíble darte cuenta de cómo nos esforzamos para que las cosas sean perfectas, cuando en realidad se necesita más bien poco para sentirte amada. 

Mis amigos me llaman para felicitarme y con muchos platico por videollamada. Es una sensación extraña el comunicarme así con la gente de México ahora, siendo que todo este tiempo han estado igual de lejos y sin embargo casi siempre hablábamos por mensaje o por voz. Tenía que venir un virus para que nos animáramos a vernos las caras.

10 pm. Me voy a la cama con la sensación de haber pasado un día fabuloso. En teoría fue idéntico al de ayer y al de antes de ayer, pero tal vez los que estamos cambiando somos nosotros. Veo que en México la gente se debate entre preocuparse o no. Yo les digo que se cuiden y les explico lo que ha pasado aquí. Pero algunos insisten en que no pasa nada, que es una exageración, y yo deseo con todas mis fuerzas estar equivocada y que ellos tengan razón, que sea como el capítulo del meteorito en Los Simpson y al final, no pase nada (y tú, genio de la lámpara, no me retuerzas este deseo, por favor).

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