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6 consejos útiles para vivir en Italia

Abr 20, 2019 | Blog | 2 Comentarios

Llevo dos años viviendo en Modena, Italia. Es una ciudad que adoro y me encanta la calidad de vida aquí. Pero, como suele suceder, el principio nunca es fácil. Las adaptaciones cuestan y cada cultura es un mundo.

La curva de aprendizaje fue larga, a veces complicada, y algunas cosas las aprendí a base de darme de golpes (fuertes) contra la pared. La gente suele preguntarme sobre este tipo de experiencias, porque esas no vienen en las guías turísticas. Así que en el post de hoy he recopilado seis tips que, en mi opinión, son esenciales para adaptarse más rápido, pasarla mejor y no amargarse.

1. Prepárate para ser regañado. Porque te van a regañar.

El italiano promedio, o por lo menos el que vive en esta región de Italia, no se queda callado. Si piensan algo te lo dirán y te harán sentir chinche si has fallado en algo que a ellos les parece importante. Y que, siendo honestos, muy probablemente tienen razón pero como mexicana no estoy acostumbrada a escuchar regaños del tipo:

YO: Señorita, quisiera sacar una cita con el dentista para revisión

ELLA: Señora, pero su visita estaba prevista para el mes de enero. ¿Cómo es posible que no haya llamado antes?

YO: Sí, es que se me pasó y tuve muchas cosas que hacer

ELLA: Tiene que poner más atención, las revisiones son CADA SEIS MESES, capito?

YO: Sí señorita, lo siento, ¿me puede dar cita?

ELLA: Pues a ver si le encuentro lugar para este mes. Ya le digo. Tenía que haber llamado antes… ahora a lo mejor la mando hasta junio.

YO: [Emoticono que llora amargamente]

2. Acepta que las líneas guía para aparcar son relativas, subjetivas y selectivas.

Bueno, no para ti. Para ti que eres un simple mortal, pelado y que no le importas a nadie, son de uso y respeto obligatorio. Si no, remítete al punto número 1. Pero, para muchos, estas líneas son casi como una mera sugerencia. Ocupar dos plazas de estacionamiento es algo común, que los tiene sin cuidado. Aunque esas dos plazas las estén ocupando un lunes a las 8.10 de la mañana en el ya de por sí minúsculo estacionamiento de la escuela de tus hijos. 

Descripción gráfica:

3. No te obsesiones con tener la razón. No la tienes. De verdad, olvídalo.

Esta es difícil de asumir, pero mientras antes lo hagas, mejor. Y para muestra, dos anécdotas.

ANÉCDOTA 1

Un día en una juguetería estábamos mi esposo y yo comprando un regalo para una amiguita de mi hija, le pedimos a la dependienta que por favor lo envolviera para regalo. A la mitad del proceso de envoltura, le pregunto a la señorita si me podría explicar lo del descuento especial para los que van a la escuela de mi hija. Me lo explica. Al final, cuando vamos a pagar, la señorita se da cuenta que no le quitó el precio al regalo. 

SEÑORITA: Vaya, voy a tener que abrirlo y quitarle el precio. Tendrán que esperarme dos minutos.

NOSOTROS: Sí, claro, no hay problema

SEÑORITA: Es que claro, como se me han puesto a hablar del tema del descuento… 

Por supuesto, la culpa es en realidad mía. 

ANÉCDOTA 2 (y 3 y 4 y 5 porque les juro que esta misma conversación me sucedió con distintas personas en distintos días, durante varios meses)

Transeúnte X me ve paseando con mi bebé

PERSONA X: Oh qué linda. ¿Puedo ver? Qué bonita. Es niña ¿verdad?

YO: No, es un niño, muchas gracias.

PERSONA X: Ah, como lo vi vestido así, pensé que era una niña.

El niño estaba vestido de verde y gris. 

4. El límite de velocidad es un ente etéreo

Como buen país Europeo, en Italia las calles observan un código vial bastante claro y concreto. Las calles están debidamente señaladas y las señales de tránsito están por todas partes, orientando al conductor.

En el caso del límite de velocidad, es importante respetarlo porque en Italia les encanta poner multas. Nunca había vivido en un lugar donde te llegaran tantas multas. Una tras otra. Sin parar.

Sin embargo, y he ahí el misterio, cuando vas manejando por la ciudad, SIEMPRE, siempre, hay un desesperado que te pita, te intenta rebasar, te hace señas, te insulta, dice “mamma mia”, desaprueba tu comportamiento con gestos y señas, y luego te rebasa con un sonoro Brrrrruuuuum. Y yo, que me rehuso a recibir multas, los ignoro, porque una multa por exceso de velocidad aquí puede ser de hasta 170 euros, y con exceso de velocidad se refieren a que si el límite era 60 y tú ibas a 70, pues la pagas igualmente. Y entonces ¿qué pasa con todos estos locos? (que son muchos, créanme) ¿A ellos no les llegan las multas? ¿A dónde van con tanta prisa? Esta ciudad se recorre literalmente entera en 15 minutos. ¿Por qué van tan rápido? Y ¿por qué a ellos no les importan las malditas multas? 

5. Prevenir es de vital importancia. Hay que prevenir. SIEMPRE.

Una de las frases que tengo grabada con fuego en mi mente después de muchos episodios traumáticos es “non c’e posto”, que se traduce como “ya no hay lugar” o “no quedan plazas disponibles” o, si lo prefieren, “ya valiste gorro, camarón dormido que la corriente se está llevando en 3, 2, 1… adiós”. Y eso se debe a que en Italia hay que ser previsor. La gente planifica y planifica bien. Calculan con anticipación sus días de vacaciones, el restaurante al que irán a cenar, la escuela a la que llevarán a sus hijos en los próximos años, etc.

Nada más llegar a Italia, tuve mi primer desencuentro. Llegamos en octubre, las clases ya habían iniciado y yo necesitaba un kinder para mi hija. La respuesta, tanto de escuelas públicas como privadas fue: non c’è posto. Y era verdad, todas las plazas se habían adjudicado hacía más de 5 meses. Hasta que, por fin, encontré una escuelita que tenía un lugar y aceptaron a la niña. 

Al siguiente año, la niña entraría a la primaria y el niño al nido, así que me puse las pilas y me dediqué a buscar, con mucho tiempo de antelación, escuelas para ver cuál me gustaba. Elegí una donde podían entrar los dos, hablé con ellos, inscribí a la niña. Hasta ahí todo perfecto. Pero con el bebé tuve que esperar un mes más para inscribirlo por una cuestión burocrática super aburrida que no describiré aquí. Total que tan solo 4 semanas después de inscribir a la niña, cuando todo aún era unicornios y nubes de algodón, llamo para decir que sí, que inscribimos ya al bebé también. Respuesta: pero ya no hay lugar. ¿Cómo? ¡Apenas era la primera semana de febrero! Y las clases empezaban hasta septiembre. Pues sí, no había lugar. Pero la historia tuvo final feliz. Se portaron muy bien conmigo y, al ver mi desesperación, le abrieron un hueco al bebé y conseguí que lo admitieran. 

Pero aprendí la lección y, ahora, si quiero ir a cenar en sábado, reservo en lunes. Si quiero ir a la playa en Julio, busco el alojamiento en enero. Y de la escuela en la que están mis hijos, de esa no me muevo ni loca.

6. Manda de vacaciones a tu “yo” alburero. 

Las siguientes fotografías las tomé el mismo día en el mismo supermercado. Sobran explicaciones. No hay derecho.

*Foto de cabecera: Jeshoots.       

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